El debate sobre el futuro energético: el shale gas

El debate sobre el futuro energético: el shale gas

¿Qué es el shale gas, gas no convencional y el francking?
El gas es una fuente de energía que se explota desde hace siglos. Entre las características que le han permitido estar muy presente en nuestra vida diaria se argumenta su limpieza, eficiencia, versatilidad y abundancia. El gas genera parte de la electricidad que consumimos, lo utilizamos para cocinar, nos proporciona calor en invierno y alimenta el motor de nuestros coches. El shale gas, también conocido como gas no convencional o gas de esquisto, es sencillamente gas natural, sin ninguna nueva característica. Sin embargo, al encontrarse atrapado en formaciones rocosas y arcillosas de muy baja permeabilidad, son necesarias técnicas no convencionales de extracción que para que pueda aflorar al exterior. Estas técnicas no convencionales de extracción del gas son conocidas como fracking o fracturación hidráulica. Consisten en la perforación de la roca hasta 5.000 metros en vertical y varios kilómetros, entre 2 y 5, en horizontal y la inyección de agua con arena (98%) y una serie de aditivos químicos (2%) a gran presión. De este modo, la roca se fractura, el gas se libera y asciende a la superficie a través del pozo.

¿Por qué el gas es más limpio que otras fuentes de energía fósiles?
El gas natural es el combustible fósil más limpio disponible en la actualidad y abunda tanto en Europa como en otros continentes. Como consecuencia de ello, es un factor clave en la transición hacia una economía baja en carbono y a un sistema energético más sostenible. La sustitución progresiva de centrales de carbón por centrales eléctricas de gas de ciclo combinado, puede llegar a reducir en más del 50% las emisiones de CO2 (es decir volver a niveles de 1990) y hasta tres veces los niveles de otros gases nocivos de efecto invernadero (como el NOx y el SO2 ). En este contexto, numerosos expertos abogan por la sustitución del carbón o petróleo por gas como una palanca para reducir las emisiones de gas de efecto invernadero de aquí a 2030. Por esta razón, el gas se ha convertido en un componente nada despreciable del mix energético español

¿Quiénes son y qué dicen los detractores del francking?
Los detractores de la técnica advierten sobre la posible contaminación del agua, fugas de metano y seísmos, entre otros riesgos. Bajo la sigla NIMBY (Not In My Back Yard o no en mi patio trasero) se agrupan grupos de ciudadanos y asociaciones de vecinos, que sirviéndose de las redes sociales movilizan a ecologistas y personas sensibilizadas con el tema, organizando protestas y manifestaciones. Su objetivo es extender un clima adverso para frenar el uso de esta tecnología en sus comarcas, utilizando los medios de comunicación como altavoz. Según el Instituto Francés para el Desarrollo Sostenible y Relaciones Internacionales (IDDRI), se exagera al hablar del impacto, sobre el desarrollo, que tendría la obtención del gas de esquisto en Europa y a modo de ejemplo aduce que en EEUU no está realmente impulsando “un renacimiento global de la industria”. A pesar del auge del gas de pizarra en EEUU ha afectado positivamente a la industria del gas y a las economías locales, según el informe del IDRRI titulado “Sabiduría convencional: un análisis económico del gas de esquisto en EEUU y las implicaciones para la UE”, la repercusión macroeconómica ha sido insignificante. El estudio se basa en que la drástica reducción de precios del gas natural de Estados Unidos ha sido circunstancial y no parece sostenible a largo plazo y lo cierto es que, después de la caída de los precios a principios de 2012, éstos han subido de nuevo en enero de 2014.

¿Cuáles son los riesgos del "francking"?¿Cómo podemos tratarlos y prevenirlos?
Los problemas que se pueden derivar de la producción de shale gas son ya conocidos. El foco en las estrategias de Comunicación y Asuntos Públicos de las empresas del sector ha ido evolucionando desde la presentación de la técnica como una fatalidad inevitable hacia un riesgo susceptible de ser gestionado y controlado. Los procesos de fracturación hidráulica están sujetos a unas normas de seguridad y protección medioambiental sumamente estrictas. Por tanto, si la actuación técnica se lleva a cabo correctamente y bajo una supervisión adecuada, la mayoría de estos problemas son controlables. 

 • Contaminación de las aguas superficiales y subterráneas: Una de las prioridades de esta industria debe ser proteger los acuíferos y las aguas superficiales. En condiciones normales, es prácticamente imposible que el agua dulce se contamine durante el proceso de fracturación hidráulica, ya que éste se lleva a cabo a gran profundidad, por debajo de múltiples estratos impermeables y muy por debajo de los acuíferos, hecho que ha sido probado y confirmado en reiteradas ocasiones.

 • Contaminación del aire: Este proceso puede reducir en un 50% los gases de efecto invernadero que generan las centrales eléctricas de carbón tradicionales.

 • Perjuicios para la salud: Lo que más preocupa y mayor rechazo suscita son los aditivos químicos que se utilizan. Estos aditivos son completamente públicos y normativamente deben estar registrados en el código europeo REACH, que regula la utilización de todos los compuestos químicos por cualquier industria.

 • Alteraciones del paisaje y el terreno: El terreno necesario para realizar estas operaciones de perforación y estimulación es similar a la extensión de uno a tres campos de fútbol. En consecuencia, el impacto visual no es extraordinario y las empresas de perforación tenderán a minimizarlo, aunque solo sea por su propio interés.

 • Contaminación de suelos al cerrar los pozos: De acuerdo con la normativa aprobada, al finalizar los trabajos las operadoras deben dejar los pozos sellados y el terreno tal y como lo encontraron, minimizando así el impacto ambiental. • Riesgo sísmico: La técnica del fracking se ha utilizado en más de dos millones de pozos en todo el mundo durante más de 60 años. En este tiempo sólo se han registrado dos casos de sismicidad asociados a ella en el Reino Unido, de 1,5 y 2,4 grados en la escala Richter, prácticamente imperceptibles.

¿Qué nos perdemos si España no participa?
En el ámbito político, la estrategia energética debe tener máxima prioridad en la acción del gobierno, más allá de la cuestión electoral. Idealmente, la política energética se debería coordinar con la política industrial, medioambiental, exterior, económica y de I+D. Otros países europeos, como Reino Unido o Dinamarca, así lo han comprendido, creando un Ministerio específico que la gestione y regule. España necesita un suministro de energía seguro, continuado, asequible y de bajo impacto ambiental para sostener su desarrollo económico. Asegurar ese suministro de manera eficiente y sostenible, en un mundo donde los recursos son cada vez más limitados, es uno de los mayores retos a los que nos enfrentamos hoy. A día de hoy, España depende todavía en su práctica totalidad del exterior en materia energética e importa casi el 100% del petróleo y gas que consume, de ahí la importancia de explorar nuevos recursos e invertir en este ámbito. Además, estas importaciones proceden de países políticamente inestables, lo que implica un encarecimiento de la factura energética y en consecuencia una disminución de la competitividad en nuestro sector industrial. Con las tasas de dependencia energética actuales, con un autoabastecimiento de gas del 0,2% y 10.000 millones de euros gastados en importaciones, cualquier recurso autóctono que mejore esta situación, no se puede despreciar. Por ello, el shale gas en España, a pesar de no producir una revolución como la acontecida en Estados Unidos, podría representar un importante papel en la política energética. Por el momento todavía nos encontramos en la fase previa de exploración, por lo que no conocemos el potencial real del shale gas en España a pesar de contar con estimaciones optimistas. En España, según los últimos estudios, se estima que a lo largo de la Cordillera Cantábrica las reservas de shale gas pueden alcanzar miles de millones de metros cúbicos. En el País Vasco, por ejemplo, existen 13 pozos de investigación que fueron perforados en Álava entre los años cincuenta y la actualidad. Las prospecciones que se han realizado hasta la fecha han determinado la existencia de un potencial yacimiento de gas no convencional, cuya constatación y evaluación exige realizar trabajos de investigación complementarios. Pero las ventajas de la explotación de esta fuente de energía no solo radican en la reducción de la dependencia energética. Entre sus consecuencias directas se encuentra la atracción de inversiones, la creación de puestos de trabajo, el aumento de la competitividad de nuestra industria y el incremento de ingresos fiscales, lo que en el actual contexto económico, son unos efectos nada desdeñables. A favor de la exploración y producción de gas convencional y, en mayor grado, de gas no convencional, está la oportunidad de generación de empleo importante que puede dar salida profesional de calidad a nuestros técnicos e ingenieros. En Estados Unidos, alrededor de 600.000 personas trabajan en la industria del shale gas y la cifra podría aumentar hasta 1,6 millones en 2035. En Reino Unido se prevé que la industria del shale gas cree hasta 74.000 puestos de trabajo directo e indirecto. Además, el sector es altamente dependiente de la mano de obra local, por lo que contribuirá a revitalizar ciertas comunidades locales. En cuanto a la competitividad, a los Estados Unidos desarrollar la tecnología de la fracturación hidráulica, les llevó varias décadas. Cuando empezó a funcionar, ya habían obtenido mucha información del subsuelo para escoger nuevos lugares donde perforar, a la par que una industria muy desarrollada en torno a ella. Europa hereda pues el desarrollo tecnológico llevado a cabo por Estados Unidos pero cierto retraso en información del subsuelo, lo cual llevará un tiempo para obtenerla. Las grandes compañías de gas y petróleo han apostado por mercados maduros y muy desarrollados por su avanzada capacidad tecnológica, como el de Estados Unidos, ahora la industria empieza a interesarse también por el potencial europeo, incluyendo el español.

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